Estos son tiempos inciertos en donde la pandemia ocasionada por el coronavirus ha puesto de rodilla a la humanidad en sentido general. Hemos visto como las naciones más grandes y poderosas del mundo no han podido dar respuestas a esta situación; aún con todos los esfuerzos realizados, la misma ha trasformado la vida de millones de personas. La actual crisis ha desafiado y continúa desafiando el sistema sanitario de todo el mundo, por lo que muchas veces el temor y la desesperanza se apoderan de nuestros pensamientos; a pesar de esto, estamos tratando de adaptarnos a esta nueva realidad, deseando que pase pronto esta situación para volver a nuestra rutina de vida acostumbrada, pero no sabemos cuándo pasará, que tiempo durará y que consecuencia con exactitud tendrá. Pero lo que sí, sabemos es que nos cuesta mucho aceptar la actual situación, porque ha cambiado de manera radical nuestro ritmo de vida y a los seres humanos, muchas veces, se nos hace difícil adaptarnos a los cambios; más si estos son adversos.
En estos días de crisis y de confinamiento en casa, he estado meditando y reflexionando sobre algunos puntos basado en mi perspectiva como creyente y seguidora de Cristo:
1-La vida es corta y los seres humanos somos frágiles y vulnerables; el covid-19 nos hace tener presente que somos débiles y susceptibles a enfermarnos e incluso a morir repentinamente. La vida es un regalo que no pedimos, pero debemos agradecerlo y cuidarlo constantemente, tratemos de aprovechar cada instante de nuestra vida para vivir, ser feliz y ayudar a otros, ya que, todos podemos tocar y cambiar la vida de otras personas, pero debemos procurar hacerlo de una forma positiva.
2-Todos somos iguales y todos nos necesitamos. Las enfermedades y crisis no hacen diferencias entre personas y afectan a todos por igual; los seres humanos tratamos de marcar diferencias económicas, sociales, políticas y culturales, pero la actual pandemia nos recuerda que todos nos necesitamos, que todos somos importantes y que solo podremos detener la propagación del virus con la colaboración fraterna de todos.
3-“Dios es nuestro amparo, refugio y fortaleza en medio de la tormenta y la catástrofe que enfrentamos”; así lo expresa el salmo 43. No importa si los problemas son pequeños o grandes o si las consecuencias de estos parecen imposibles de soportar, no debemos dudar de la bondad y misericordia de Dios, sino seguir confiando en su amor y cuidado, porque él cuida de nosotros como lo menciona el salmo 121, muchos hemos experimentado ese cuidado en el transcurrir de nuestras vidas. Los cristianos sufrimos como todos los demás, pero lo podemos hacer con la paz que Dios nos da al saber que él está pendiente de nosotros.
En estos tiempos de crisis debemos fomentar en nuestras vidas tres valores que considero indispensable para enfrentar las adversidades, que son: la fe, el amor y la esperanza. La fe en Dios nos ayuda a no desfallecer, ni a perder la esperanza ante ninguna situación difícil. “El amor a Dios y al prójimo nos define como persona y como ser humano” (1corintios 13). La esperanza nos alienta a seguir adelante en medio de las dificultades. Los días grises se irán y los rostros que se han apagado por las calamidades de este tiempo resplandecerán, porque con la fe, el amor y la esperanza puesta en Dios todo es posible.
“Las manos de Dios te sostuvieron ayer, te sostienen hoy y te sostendrán mañana, no desmayes, resiste que saldremos de esta pandemia y seremos personas resilientes”.




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